Razones por las que querrás volver a compartir piso

BMS

  • Convivir con desconocidos es una aventura y una oportunidad para ahorrar gastos y aprender de otras personas. En Europa, el ‘coliving’ está cambiando la forma de cohabitar en las grandes urbes.

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Una ruptura, una situación financiera complicada, un cambio en la rutina o en el trabajo… las razones para volver a compartir piso son variadas y, en muchas ocasiones, se escapan a nuestra propia elección. Pero, lejos de que en la sociedad española repartir los espacios comunes es sinónimo de suplicio, también los hay quienes ven convivir como una oportunidad.

Madurar, aprender de gente completamente distinta, dividir el espacio personal, lograr nuevas amistades e incrementar los niveles de respeto y tolerancia son algunas de las ventajas que no se suelen tener en cuenta a la hora de compartir piso, además de repartir las facturas mensuales.

‘Coliving’, una tendencia en alza

El frenético ritmo de vida de la sociedad actual y la mentalidad millennial de valorar los momentos en vez de las posesiones hacen que cada vez más gente prefiera alquilar un inmueble a contratar una hipoteca.

Estos nuevos nómadas se caracterizan por ocupar varios puestos de trabajo en distintas ciudades del mundo a lo largo de su vida, por lo que a la hora de pensar en una vivienda, buscan un espacio donde poder convivir, incrementar su capacidad creativa y compartir experiencias con gente similar sin tener que atarse a un lugar.

Así nació el coliving: la última tendencia en vivienda originaria de Estados Unidos que se ha expandido a las grandes urbes del mundo, como Reino Unido, Ámsterdam, Berlín y ahora España. Este modelo, que bebe directamente del coworking, se originó en Sillicon Valley como respuesta a la saturación de jóvenes con talento que buscaban una oportunidad en San Francisco, además de un domicilio. Como consecuencia, la ciudad se quedó sin oferta de vivienda y empezaron a aparecer edificios que actuaban como zonas comunes y viviendas al mismo tiempo, aunando a las personas con intereses similares. Esta extensión del mercado de la vivienda ofrece espacios a residentes que hacen de inmueble y lugar de trabajo.

La gran ventaja es que los inquilinos conviven en un espacio donde la creatividad y las sinergias creativas son las protagonistas. Las iniciativas como el coliving también consiguen ahorrar los tiempos de traslado del hogar a la oficina, ya que ambas se funden en un mismo espacio.

Conocer a otras personas

Uno de los mayores miedos que rodea la idea de volver a vivir en compañía es con quién tocará compartir el piso. Hace unos años este aspecto era una lotería (siempre que no acordásemos con amigos, pareja o conocidos dividir los gastos residenciales), pero ahora algunas aplicaciones móviles permiten elegir el compañero de nuestros sueños, como la española Badi, antes incluso de ocupar la habitación.

Aunque si lo que buscamos es la experiencia al completo, hay que tener en cuenta que en la incertidumbre reside la gracia de todo el asunto. Siempre es bueno salir de la zona de confort y enfrentarse a retos desconocidos, vivir de alquiler es una aventura a la que lanzarse y no saber previamente con quién lo haremos es una parte muy importante de la misma.

Aprender a convivir

Conociendo a la persona o no, nada garantiza que la convivencia vaya a ser ideal. Los roces en muchas ocasiones son inevitables, pero aprender a sobrellevarlos es otra de las ventajas de compartir vivienda.

Para ello, es importante determinar una serie de reglas que todos los residentes deben aceptar para evitar futuros problemas y que uno se convierta en el líder e imponga sus manías. El desorden y la suciedad son las causas más comunes de desencuentros, por lo que hay que intentar mantener un mínimo de limpieza en las zonas comunes. En cuanto a las tareas del hogar, una buena idea es elaborar un planning en el que se reparta de forma equitativa quién debe hacer qué.

Llevando a la práctica una serie de pautas aprenderemos a convivir con cualquier persona, maduraremos y seremos mucho más tolerantes y respetuosos, además de que nos conoceremos con mayor profundidad.

Compartir la rutina, mejor con amigos

Lo mejor de vivir en un piso compartido es la amistad que se forja entre los inquilinos y saber que en todo momento habrá alguien con quien poder contar en casa.

La rutina pasará a ser divertida porque podremos contar lo que nos ha pasado en cada jornada a nuestros compañeros. Desahogarnos y reírnos con sus comentarios, tener ese hombro sobre el que llorar en los momentos más duros y disfrutar juntos de posibles aficiones comunes.

Vivir junto a alguien afín crea un sentimiento de compañerismo que transformará a los residentes en amigos duraderos. La convivencia crea confianza y, en general, con resultados muy positivos.

Ahorrar en gastos para viajar más

Y, por último, la mayor ventaja (y una de las grandes razones) por la que muchos deciden compartir piso: la mejora económica. Dividir gastos en las grandes urbes supone una bolsa de oxígeno para el bolsillo.

Las facturas, además del alquiler, son menos dolorosas cuando se dividen. Pero no solo "compartir es vivir" a nivel monetario: también se ahorra en la cocina y los productos básicos del hogar. Los compañeros de piso pueden ser una gran fuente de sabiduría culinaria de la que sacar provecho, degustando nuevos platos y aprendiendo a cocinar otros tantos.

Además, también se puede crear una cuenta conjunta entre los inquilinos, una especie de bote común que cubra los gastos compartidos.

Ese dinero ahorrado puede destinarse a conocer mundo y disfrutar de otras experiencias que, gracias a dividir gastos, se convierten en una realidad. Además, también se puede hacer un bote común con el dinero que sobre entre todos y organizar una escapada de compañeros de piso.

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